Dos problemas me rondan la cabeza últimamente.
La primera tiene que ver con ser alcalde en España. Se oyen a mi alrededor, o al menos oigo, rumores, de sobres, caciquismo, regalos, endiosamientos, corrupción, venganzas personales. Cantabria no escapa de estos problemas. Analicemos lo que significa, poderes que tienen los alcaldes hoy en día, ya que como tantas otras cosas, no creo que el problema sean las personas, sino lo que les permite hacer el sistema. Y es que ser alcalde en España, es ser un cacique.
Independencia monetaria. En los ayuntamientos españoles, una vez que un candidato encabeza una lista, y gana su lista con mayoría, el Alcalde tiene 4 años por delante para hacer lo que quiera, prácticamente.
Él (o ella, que no me acuse Bibiana) tiene unos ingresos, y unos gastos, que puede destinar prácticamente donde quiera en función de su programa político. Perdón, que iluso: en función de sus intereses personales (que el 90% de las ocasiones se basan en ser reelegido). En los plenos, donde tiene mayoría y normalmente, si ha sido listo, no tendrá tránsfugas en sus listas (Por dios, listas abiertas ya…), escoge su sueldo, el de los concejales, los proyectos (por descabellados que sean), los funcionarios, todo. ¿Os imagináis poder escoger vuestro propio sueldo? Sin olvidarse de las dietas.
Poderes urbanísticos. No nos engañemos, el mayor poder de los alcaldes es el de realizar los planes urbanísticos, dar y quitar licencias, poder poner las normas que les da la gana, y demás trámites que hacen que manejar el municipio sea como jugar al simcity, pero con dinero e intereses de por medio. Se escudan tras los técnicos, pero quien firman son ellos. Quien pone las normas son ellos. Y a quien unta el constructor para no tener problemas, es a ellos, porque no lo olvidemos, el alcalde es el jefe de los técnicos, y éstos pueden ser despedidos o marginados (como le sucedió al de Piélagos).
Y al revés. Si te ocurre algo personal con el alcalde de turno, por lo general, de repente la administración se vuelve tediosa, lenta, perniciosa, pone trabas, y te impide realizar nada.
Cadenas de favores. “Yo te dejo hacer esto y tú me haces esto”. “Eso no es legal, pero yo no sé nada”. “¿Cuánto me llevo yo por dejarte hacer esto?”. “Este terreno quizá haya que recalificarle…”.
Otra más, las obras del ayuntamiento. Menganito el constructor quiere hacer una carretera, y es amigo del alcalde. El alcalde le dice: “¿Cuánto vale?” Y Menganito le dice: “100.000”. Y el alcalde dice entonces: “No te preocupes, te lo doy por 120.000 y nos repartimos 10.000 cada uno”. Y Menganito sonríe.
Falta de financiación fija. Este es un problema administrativo. Los ayuntamientos no tienen una partida fija de dinero. Se financian a través de impuestos como el IBI, basuras, aguas, y sobretodo hace un tiempo, licencias urbanísticas. La necesidad por parte de los ayuntamientos de financiarse hace que gran cantidad de veces se aflojen las normas de urbanismo, con tal de ingresar el dinero de la licencia. Es como si el sistema favoreciese (junto con la ley de suelo) la construcción de viviendas. Y las negociaciones con constructores. Y las comidas con ellos, y las visitas a puticlubs, y los sobres.
Ignorancia y pasotismo de la gente. La mayor baza de los alcaldes en España, es la gente. Sus propios ciudadanos. Además, por dos razones básicas.
- La primera de ellas, es la falta de memoria. Un alcalde puede realizar lo que quiera en sus tres primeros años, que la gente a la hora de las elecciones únicamente se acordará de los últimos seis meses. Puede estar tres años sin realizar una sola obra, y el cuarto año, justo para acabar con las elecciones, lo que no ha hecho en los anteriores, para que la gente alabe todas las cosas que hace. Puede no rendir cuentas a nadie, o gastarse dinero en cualquier cosa, que la gente olvida, muy, demasiado, fácilmente.
- La segunda de ellas, es un problema de mentalidad español, que tiene cosas buenas, pero otras demasiado malas. En España, preferimos que nos gobierne un corrupto con aspecto de capaz, de hábil, que no un honrado, que simplemente por serlo, se le tacha de poco espabilado, por no “pillar cacho”. Es triste, pero es así. Jesús Gil, es el perfecto ejemplo de esto que estoy diciendo.
Añado, otra más. Al 90% de la gente, se la repamplinfa quien les gobierne, votan por inercia. Tenemos lo que nos merecemos, el reflejo de nosotros mismos.
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