Entonces, mis interrogantes se dirigieron en otro sentido. La naturaleza de los recuerdos, y de la memoria.
Es conocida mi falta de memoria. Olvido hechos vividos, caras, sonidos, y paradójicamente recuerdo fácilmente números, o datos, o hechos lejanos a mi día a día. Olvido incluso, momentos clave de mi propia vida. Soy incapaz de recordarlos.
Ahora, no diré nada nuevo. Nuestros sentidos captan sensaciones del exterior, que se convierten en percepciones que nuestro cerebro interpreta en función de lo que ya conoce y puede conocer, y lo archiva en nuestra mente como recuerdos.
Ahora, quizá diga algo nuevo, aunque dudo que lo sea. Pondré un símil que ya he usado con anterioridad. Los recuerdos se guardan en una caja, en la que va pasando el tiempo, y se va deteriorando su contenido. Cada vez que recordamos sacamos ese recuerdo de la caja, pero ya no es como el original, porque faltan partes. Nuestro cerebro, entonces, lo reinterpreta inventándose los huecos que quedan, y lo vuelve a archivar, pero ya no es como el original. Tras una serie de ocasiones en las que esto ocurre, el recuerdo a veces se borra, en otras se pervierte, y en otras, curiosamente, se hace más fiel a la esencia, aunque esto es raro. El tiempo tiende a borrarlo. Yo lo llamaría corrupción del recuerdo.
Así, recuerdos que tenía presentes como si fueran presente, se convierten en fantasmas nebulosos o desaparecen. Curiosamente, cosas que me cuentan o que me invento, o que sueño, se pervierten y se convierten en vívidos recuerdos que creo haber vivido.
Mi memoria, por tanto, es una mierda.
Pero las fotos, aunque pierdan ciertas partes, siguen teniendo la misma forma, su esencia sigue ahí y así podemos deducir el recuerdo.
ResponderSuprimirClaro que la esencia puede seguir ahí, pero aún así el recuerdo se estropea, y puede llegar a trastocarse en la mente, que es a lo que me refiero.
ResponderSuprimirTu has visto Origen de nuevo.
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